Para este 8M, desde LAVANI queremos hablar de creación en un sentido amplio: de las manos, de las ideas, del tiempo, de las historias que se construyen poco a poco. Y también, de esos objetos que no son solo objetos, sino recuerdos, símbolos, pequeñas declaraciones de identidad.
Hoy nos sentamos a charlar de forma real y sin filtros con Paloma Bau, interiorista y arquitecta técnica valenciana. Hablamos con ella sobre el poder de transformar espacios, la fuerza de trabajar en un equipo íntegramente femenino y el valor emocional de todo aquello que nos acompaña en el viaje de la vida.

Para empezar, cuéntanos un poco sobre ti: ¿Quién eres, a qué te dedicas y cómo llegaste hasta aquí?
Soy Paloma Bau, soy interiorista y tengo un estudio de interiorismo y arquitectura en Valencia desde hace aproximadamente 10 años. Estudié Arquitectura Técnica en la Politécnica en Valencia y luego me fui a Barcelona a estudiar Interiorismo, que desde siempre había sido lo que quería hacer. Pero soy una persona muy perfeccionista, entonces valoré que era más interesante hacer primero una carrera más técnica para tener un poco toda la base más arquitectónica, y luego estudiar interiorismo y profundizar más en todo el tema creativo.
Y en el fondo, ¿por qué haces lo que haces, qué te mueve a seguir creando?
El motivo exacto no sabría responderlo. La verdad que siempre me ha gustado la arquitectura, el diseño, el mobiliario, generar espacios... y al final siempre tuve claro que me quería dedicar a esto. No hay una razón concreta, no creo que nadie tenga una razón concreta para dedicarse a lo que se dedica, sobre todo en este mundo creativo. Al final es algo que yo diría que llevas como dentro. Sí que es verdad que me he esforzado en desarrollarme en este ámbito, pero es que además me apasiona, es mi hobby y la verdad que es lo que más me gusta hacer.

¿Cómo crees que tu trabajo puede transformar algo, aunque sea pequeño?
Por mi profesión, la verdad es que nuestra labor transforma directamente cosas. Nos dedicamos a eso exactamente. Sobre todo, el estudio lo que más hace es reformas, por lo que al final siempre estamos generando más que pequeñas, grandes transformaciones. Pero la idea no es solo transformar un espacio en sí mismo, sino crear algo con un objetivo: cumplir con las necesidades de quien vaya a habitar ese espacio, quien vaya a vivirlo, a usarlo, a disfrutarlo...
Al final no es una transformación solo estética, sino que va un poquito más allá. Cambiamos maneras de disfrutar y de vivir los espacios, rutinas... Hay mucha transformación en el entorno de un proyecto que no solo implica que visualmente el espacio sea bonito, sino que permita mejores maneras de vivir.

Viendo ese impacto, ¿qué tipo de mundo quieres ayudar a construir?
Es una pregunta bastante compleja. Al final, creo que hay que poner el foco y la atención en el bienestar de las personas. Creo que pensando bien todas nuestras intervenciones —los proyectos que hacemos, los materiales que elegimos, las distribuciones, la luz...— tratamos de generar unos espacios mejores que nos hagan sentir realmente bien. Va ligado al tipo de mundo que queremos construir: un mundo que genere bienestar.

Tu equipo está formado por mujeres. ¿Qué has aprendido trabajando con otras mujeres?
Nosotras somos un equipo exclusivo de mujeres, la verdad. Trabajamos solo chicas en el espacio, y ha sido una cosa que ha surgido de manera natural. Yo me siento muy cómoda trabajando en un entorno de mujeres; solemos ser personas con mucha sensibilidad, muy organizadas, muy ordenadas... Las mujeres que forman parte del equipo son meticulosas, están atentas a todos los detalles. Es mi manera de funcionar en este sector, donde el detalle y el proceso es importante que sea ordenado para buscar la excelencia.
Actualmente trabajamos también con una constructora cuyo equipo técnico también está compuesto de mujeres y para mí hay una gran diferencia, sobre todo a nivel gestión, orden, capacidad empática, entendimiento y mano izquierda.
En este camino creativo, ¿qué le dirías a otras mujeres que están intentando encontrar su voz?
Guau. Bueno, creo que esto es un proceso en constante cambio. Yo hace 10 años no proyectaba como ahora, ni hace 5, ni hace 2. Las cosas van cambiando, tú vas cambiando y tu foco, de alguna manera, se va modificando. Es un proceso que hay que tomarse con calma e ir probando en qué lugar te sientes más cómoda.

Hablando de lo que perdura, ¿qué significa para ti crear algo que cuente una historia?
Para mí significa todo. De hecho, el mindset del estudio es generar proyectos que siempre cuenten una historia, que partan de un concepto, de un hilo conductor. Creo que es bonito que al final una pieza de diseño, sea lo que sea —un espacio, un mueble, una joya— esté representando algo. Puede ser muy abstracto y que a simple vista no se explique, pero esa es la misión del diseñador: transformar esa idea en un elemento. En este caso, nosotras lo hacemos con espacios.
Para terminar... ¿qué valor tienen los objetos que nos acompañan en el tiempo? ¿Hay algo que lleves contigo que te recuerde quién eres?
El valor de los objetos es el que cada uno quiera darle. En mi caso, lo que siempre, siempre, siempre llevo conmigo y no me quito, son joyas. Llevo dos cadenas muy chiquititas que me regalaron unas amigas y mi tía con mi inicial. Y luego llevo tres anillos: mi alianza, mi anillo de pedida y el anillo que mi chico me regaló cuando nació nuestro hijo. No sé si me recuerda quién soy, pero la verdad es que no me los quito, y para mí sería difícil salir a la calle sin esos elementos porque al final, acaban formando parte de ti.

